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Presentación de Antonio Birabent en “La Trastienda” (02 de abril de 2009)


*Por Leonardo Pez (leonardopez@gmail.com)























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(Eran) poco más de las nueve de la noche. (Era) Buenos Aires. También (era) la
trastienda. Dentro de cada uno de estos vasos significantes, habitaba un cantautor
genuino heredero de los fundadores de nuestro rock, el señor Antonio Birabent. Las
cosas estaban claras de entrada: plato principal, sopa. Todos los elementos enumerados
anteriormente funcionaban siguiendo la lógica de un juego, similar a la ra-yue-la de
Cortázar; sólo había que tenerlo presente desde el inicio.

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El primer juego (porque no era un único juego) consistía en descifrar cuántos eran los
habitantes del planeta Sopa. Durante el primer miniset, la pregunta parecía inadecuada y
la respuesta inmediata. Uno solo: el mismísimo Antonio Birabent. Pero el tiempo
aclararía el error inicial. Los socios musicales de AB comenzarían a poblar el escenario
con el correr de la música. En poco tiempo, el escenario se transformó en una plaza de
sonidos en la que, junto a Antonio, se encontraban Pablo Hadida y el pez Ariel
Minimal, perfectamente apoyados en un trío guitarra/bajo/batería: la banda de AB
(Roberto Garcilazo/Alejandro Carrillo/Luciano Casanova). No cabían dudas: seis eran
los habitantes del planeta Sopa, seis músicos participando del mismo juego y
distribuidos en grupos de uno, dos y tres.

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Identificar el segundo juego no fue necesario. El propio Birabent se encargó de
despachar las dudas, en primer lugar, detrás del micrófono y, en segundo lugar, delante
de mi persona. “Sopa es un disco bastante azaroso y un poco caótico”, dijo Antonio.
Claro que sí. A pesar de la contundencia y de la coherencia musicales que destila el
álbum, Sopa es un registro multifacético de canciones inéditas, en vivo, remezclas,
nuevas versiones y ensayos. Tal vez sea una nueva manera de observar el universo o, en
todo caso, un refinamiento de las estrategias para observar el universo. Algo es
indiscutible: Sopa es diferente.

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Había un tercer juego. Y volviendo a rumiar la imagen de la ra-yue-la, resulta que el
tercer juego viene a ser más ramificación del primero que consecuencia del segundo
juego. Entonces, volvemos a pensar en los habitantes de Sopa. Es decir, Birabent,
Garcilazo, Carrillo, Casanova, Hadida y Minimal. El tercer juego es una sopa de letras
que se sustenta en la permanente sopa musical. La alianza Birabent-Minimal (AB-AM)
comenzaba a ser vislumbrada o, mejor dicho, imaginada por el público: entre las
primeras estrofas de la noche, se destacaba “Barro”, canción compuesta por Minimal e
interpretada por Birabent en esta ocasión. “Hay canciones que no escribí y que me
hubiera gustado haber escrito”, deslizó AB al respecto. Tiempo después, AB invita al
escenario a AM para cantar dos temas pertenecientes a Buenos Aires (2003): “El fin de
la noche” y “Sos verano”. El tercer juego se parece a una ecuación: AB + AM=
satisfacción garantizada.

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El cuarto juego, al igual que el segundo, fue presentado por el propio Birabent. “La
anarquía me gobierna”, disparó Antonio y luego asumió que, a pesar de haber
publicado un trabajo que, en su mayoría, “reversiona canciones” (Sopa), en la
trastienda, se encargó de reversionar sus reversiones. “A mí la lluvia” funcionó como un
mix o, más bien, un intermedio entre la versión final de “Todo este tiempo” (1994) y la
de Sopa. Claro que al respecto valen dos aclaraciones. La primera, que la versión
original de la canción (1989) tenía más que ver con la bossa nova que con el “rock
melancólico” que terminó en el registro discográfico de 1994 (AB dixit). La segunda,
que la interpretación que Birabent hizo en la trastienda logró asociar el clima musical
armónico de la versión de los ochenta/noventa con la furiosa voz del tema finalmente
editado. Anárquico y/o caótico, este juego podía ser entendido a partir de una aclaración
de Antonio: en Sopa “no hay una sola idea, sino varias”. Y esto explica el nombre del
disco. Sopa.
***

Tal vez merezca pensarse el quinto juego como fruto del azar. Apenas comenzó el
show, AB, solo y con su guitarrarmónica, advirtió: “Hay dos canciones que son de dos
juglares que nacieron en lugares muy distintos” e inmediatamente aludió a la
cercanía temporal entre ambos (nacidos en los comienzos de la década del ’40). El sr
Zimmerman y el sr Birabent fueron los homenajeados. Bob Dylan y Moris, en el
ambiente. “One too many mornings” y “Nocturno de princesa” se volvieron una
misma canción, una canción bilingüe.
***

El nuevo juego estaría signado, más que los anteriores, por la novedad. Porque en el
2009 también, Antonio Birabent está pergeñando un nuevo disco, hermano de Sopa,
pero de distintos padres, “un disco con muchos socios musicales”, definió. Y en la
oscuridad musical de San Telmo, dejó ver tres de sus cabezas (aún no sabemos ni
probablemente él sepa cuántas serán). Dos llevan nombre, la otra seudónimo. “El
pasajero”, “Te lo ruego” y “Sangre”, respectivamente. Pero uno se sabía parte del
juego y se dedicaba al oficio de pescar indicios lúdicos. Y al menos un nuevo juego (o
un nuevo indicio del gran juego llamado Sopa) comenzaba: el misterio del nombre de
una canción, la penúltima del show. “Tiene título pero no lo voy a decir”, zigzagueó
Birabent. Claro que, si bien Antonio no develó el nombre, acercó un seudónimo:
Sangre. ¿Por qué? Principalmente porque sangre es la palabra más repetida en el tema.
El próximo trabajo discográfico de AB develará las dudas...

***

En fin, hay un último juego. Séptimo y último. Y se puede encontrar dentro de la sopa.
“Tal vez, haya más sopa en el futuro”, se puede leer en la carta. Sopa es como un
árbol con múltiples ramas o un banquete eterno. Sopa también es inventario. Pero Sopa
es, sobre todo, calesita musical. Por eso, porque Sopa es un interminable juego del que
es muy difícil salir sin volver, el autor de esta crónica propone un último juego. Se trata
de inventarle un nuevo nombre a todo este juego musical “pergeñado” por Antonio
Birabent a fines del año pasado y ejecutado, perfectamente, en el bar ubicado en San
Telmo en los albores del mes de abril. Propongo llamarlo re-so-pa. Porque este juego es
un eterno re-pa-so que nos invita a jugar con las melodías. Y eso no es poco en estos
tiempos.
***FIN***

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